EL GÉNESIS LOS MILAGROS Y LAS PROFECÍAS SEGÚN EL ESPIRITISMO

Allan Kardec

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37. Las estrellas llamadas fijas, que constelan los dos hemisferios del firmamento, no están exentas de las atracciones exteriores, como se supone generalmente. Por el contrario, pertenecen todas a una misma aglomeración de astros estelares. Esta aglomeración constituye la gran nebulosa de la cual formamos parte y cuyo plano ecuatorial que se proyecta hacia el cielo ha recibido el nombre de Vía Láctea. Todos los soles que la componen son solidarios entre sí: sus múltiples influencias actúan en perpetuidad uno sobre otro y la gravedad universal los reúne a todos en una misma familia.

38. Estos diversos soles, en su mayor parte se encuentran como el nuestro: rodeados de mundos secundarios a los que iluminan y fecundan por las mismas leyes que presiden la vida en nuestro sistema planetario. Unos, como Sirio, son miles de veces más magníficos en dimensiones y riquezas que el nuestro y su papel es mucho más importante en el Universo, al igual que los planetas que los rodean son más numerosos y superiores que el nuestro. Otros difieren en gran manera por sus funciones estelares. De ahí que un cierto número de soles, verdaderos gemelos del orden sideral, se encuentren acompañados por sus hermanos de igual edad y formen en el espacio sistemas binarios, a los cuales la Naturaleza otorgó funciones diferentes de las que cumple nuestro Sol.* En ellos, los años no se miden según los mismos períodos ni los días por los mismos soles. Esos mundos iluminados por una doble antorcha recibieron en suerte condiciones de existencia inimaginables para quienes no han salido de ese pequeño mundo terrestre.

Otros astros, sin séquito, privados de planetas, recibieron los mejores elementos de habitabilidad que se hayan dado. Las leyes de la Naturaleza están diversificadas en la inmensidad, y si la unidad es la llave del Universo, la variedad infinita es el atributo eterno.



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* En astronomía se las llama estrellas dobles. Se trata de dos soles: uno gira alrededor del otro, como un planeta alrededor de un sol. ¡De qué espectáculo magnífico y extraño deben gozar los habitantes de los mundos que componen esos sistemas iluminados por un doble sol! ¡Y qué diferentes deben ser allí las condiciones de vida!

En una comunicación ulterior, el espíritu de Galileo agregó lo siguiente: “Hay, incluso, sistemas más complicados, en los que diferentes soles actúan como satélites uno del otro. Y en los mundos que iluminan, sus habitantes disfrutan de efectos de luz maravillosos, si tenemos en cuenta que, a pesar de su cercanía aparente, los núcleos habitados pueden circular entre éstos y recibir por turno ondas de luz de diferente coloración cuya reunión recompone la luz blanca.” [N. de A. Kardec.]


39. A pesar del número prodigioso de estrellas y sistemas, pese a las distancias que separan a unas y a otros, todos pertenecen a la misma nebulosa estelar. Los telescopios más poderosos apenas los escudriñan y las concepciones más audaces de la imaginación no son capaces de salvar tamaña extensión y, sin embargo, esta nebulosa es una sola unidad en el conjunto de las nebulosas que componen el mundo sideral.

40. Las estrellas llamadas fijas no están inmóviles en la inmensidad. Las constelaciones que se imaginaron en la bóveda del firmamento no son creaciones simbólicas reales. La distancia que hay desde la Tierra y la perspectiva utilizada para medir el Universo desde nuestro mundo son las dos causas de esta doble ilusión óptica (cap. V:12).
41. Hemos visto que todos los astros que titilan en la cúpula azul se encuentran encerrados en una misma aglomeración cósmica, en una misma nebulosa que vosotros llamáis Vía Láctea. Mas, a pesar de pertenecer al mismo grupo, estos astros poseen movimientos propios de traslación en el espacio, pues el reposo absoluto no existe en ningún sitio. Están regidos por las leyes universales de gravitación y giran en el espacio bajo el impulso incesante de esta inmensa fuerza. No siguen rutas trazadas por el azar, sino que siguen órbitas cerradas cuyo centro está ocupado por un astro superior. Para que comprendáis mis palabras con facilidad, hablaré de vuestro Sol en particular.

42. Gracias a investigaciones actuales, sabemos que el Sol no está fijo en un lugar determinado y que su posición no es central, como se creía en los primeros tiempos de la Astronomía, sino que avanza en el espacio llevando con él su vasto sistema planetario, sus satélites y cometas.

Ahora bien, esta marcha no es fortuita ni al azar, no vaga por los espacio infinitos llevando a sus hijos y súbditos lejos de las regiones que le han sido asignadas. Su órbita es medida y concurrente con la de otros soles de su misma categoría que se hallan rodeados, como él, por un cierto número de tierras habitadas, gravitando, todos ellos, en torno de un sol central. Su movimiento de gravitación, al igual que el de sus soles hermanos, no es apreciable mediante observaciones anuales, ya que un gran número de períodos seculares apenas bastaría para determinar el tiempo de uno de sus años siderales.

43. El sol central que acabamos de mencionar es un mundo secundario en relación a otro más importante aún, alrededor del cual se realiza una marcha lenta y medida en compañía de otros soles del mismo orden.

Podríamos constatar esta subordinación sucesiva de soles hasta que nuestra imaginación se fatigase de tanto ascender en la jerarquía, ya que no debemos olvidar que se pueden contar unos treinta millones de soles en la Vía Láctea, subordinados unos a otros como los engranajes gigantescos de un inmenso sistema.

44. Y estos astros, innumerables en cantidad, viven todos una vida solidaria, pues así como nada se encuentra aislado en la organización de vuestro pequeño mundo terrestre, nada tampoco está aislado en el Universo inconmensurable.

Al ojo investigador del filósofo que supiese abarcar el cuadro que se despliega a través del espacio y el tiempo, estos sistemas de sistemas, vistos a distancia, le parecerían polvo de perlas de oro levantado en torbellino por el soplo divino que hace rodar los mundos siderales en los cielos, como los vientos agitan a las arenas del desierto.

¡No más inmovilidad, no más silencio ni más noche! El gran espectáculo que se desarrollaría así ante nuestros ojos sería el de la Creación real, inmensa y llena de vida etérea que abarca en el conjunto inmenso la visión infinita del Creador.

Pero hasta ahora hemos hablado únicamente de una nebulosa. Sus millones de soles, sus millones de mundos habitados sólo constituyen -como ya lo hemos dicho-, una isla en el archipiélago infinito.