EL GÉNESIS LOS MILAGROS Y LAS PROFECÍAS SEGÚN EL ESPIRITISMO

Allan Kardec

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24. Antes de que las masas planetarias hubiesen alcanzado el grado de enfriamiento necesario para llevar a cabo la solidificación, masa más pequeñas, verdaderos glóbulos líquidos se separaron del plano ecuatorial, donde la fuerza centrífuga es mayor y, en virtud de las mismas leyes, adquirieron un movimiento de traslación alrededor de su planeta madre, como éstos lo cumplen en derredor de su astro generador.
Así fue como la Tierra dio nacimiento a la Luna, cuya masa, de menor volumen, se enfrió con más rapidez. Las leyes y las fuerzas que presidieron su despegue del ecuador terrestre y su movimiento de traslación en el mismo plano actuaron de tal manera que ese mundo, en vez de revestir una forma especial, tomó la de un ovoide, cuyo centro gravitacional se ubica en la parte inferior.

25. Las condiciones bajo las cuales se efectuó la desagregación de la Luna le permitieron alejarse muy poco de la Tierra y la constriñeron a permanecer perpetuamente suspendida en su cielo, como una figura ovoide cuya parte más pesada conformó su cara inferior vuelta hacia la Tierra, y la del lado opuesto, menos densa, se eleva al cielo en sentido contrario a nuestro planeta. Por tal razón es que ese astro nos presenta siempre la misma cara. Para comprender mejor su estado geológico podemos compararlo con una boya cuya base, vuelta hacia la Tierra, estaría hecha de plomo.
Por tal motivo existen, también, dos naturalezas distintas en la superficie lunar: una, sin analogía alguna con nuestro planeta, ya que los cuerpos fluidos y etéreos le son desconocidos; y la otra, más liviana que la Tierra, ya que todas las sustancias menos densas se concentran sobre este hemisferio. La primera, perpetuamente vuelta hacia la Tierra, sin agua y sin atmósfera, salvo, a veces, en los límites con el hemisferio que se nos oculta. La otra, rica en fluidos, siempre opuesta a nuestro planeta. *

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* Esta teoría sobre la Luna es muy nueva y ella explica, por la ley de gravedad, el por qué la Luna presenta siempre la misma cara hacia la Tierra. Su centro de gravedad, en vez de hallarse en el centro de la esfera, se encuentra en uno de los puntos de su superficie y, en consecuencia, es atraído hacia la Tierra con más fuerza que las partes más livianas. La Luna sería, por tanto, como esos juguetes llamados tentetiesos, que siempre se ponen de pie, mientras que los planetas, cuyo centro de gravedad está a igual distancia de la superficie, giran siempre sobre su eje. Los fluidos vivificantes gaseosos o líquidos, en razón de su ligereza específica, se hallarían acumulados en el hemisferio superior, constantemente opuesto a la Tierra. El hemisferio inferior, el único visible para nosotros, estaría desprovisto de ellos y, por lo tanto, no sería apto para la vida, pero que sí existiría en el otro. Si el hemisferio superior está habitado, sus habitantes no han visto a la Tierra jamás, a menos que realicen excursiones al otro hemisferio, lo que les resultaría imposible al no presentar éste las condiciones necesarias para la vida.

Por más racional y científica que sea esta teoría, como aún no ha sido confirmada por la observación directa, sólo puede ser considerada una hipótesis, una idea que puede servir de peldaño a la ciencia, pero no se podrá negar que es la única, hasta el presente, que da una explicación satisfactoria sobre las particularidades que presenta ese planeta. [N. de A. Kardec.]




26. El número y estado de los satélites varía según las condiciones especiales en que se formaron. Algunos planetas no dieron vida a ningún astro secundario, por ejemplo, Mercurio, Venus y Marte, mientras que otros han formado uno o varios, como la Tierra, Júpiter y Saturno.

27. Además de sus satélites o lunas, Saturno presenta el fenómeno especial del anillo, que visto parece rodearlo como siendo una aureola blanca. Esta formación es para nosotros una nueva prueba de la universalidad de las leyes naturales. Este anillo es el resultado de una operación operada en los tiempos primitivos en el ecuador de Saturno, al igual que una parte de la masa ecuatorial de la Tierra se dividió para formar la Luna. La diferencia estriba en que el anillo de Saturno se formó en todas sus partes con moléculas homogéneas un tanto condensadas, lo que le permitió continuar ejerciendo el movimiento de rotación en el mismo sentido y en tiempo casi idéntico al del propio Saturno. Si una de las partes del anillo hubiese sido más densa que la otra, se hubieran operado inmediatamente una o varias aglomeraciones de sustancia y, en ese caso, Saturno contaría, hoy, con varios satélites más. Desde el momento de su formación, este anillo se solificó, al igual que los demás cuerpos planetarios.