EL GÉNESIS LOS MILAGROS Y LAS PROFECÍAS SEGÚN EL ESPIRITISMO

Allan Kardec

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29. “Llegaron luego a Cafarnaúm, y Jesús, entrando en día sábado en la sinagoga, los instruía. Y se admiraban de su doctrina, porque Él los instruía como quien tiene autoridad, y no como los escribas.


”Ahora bien, se encontraba en la sinagoga un hombre poseído de un Espíritu impuro, que exclamó: ‘¿Qué hay entre tú y nosotros, Jesús de Nazaret? ¿Has venido para perdernos? Sé quién eres: eres el santo de Dios’. Pero Jesús lo conminó, diciendo: ‘Cá- llate y sal de ese hombre’. Entonces, el Espíritu impuro, agitándolo con violentas convulsiones, dio un grito y salió de él.


”Quedaron todos tan sorprendidos que se preguntaban unos a otros: ‘¿Qué es esto? ¿Qué nueva doctrina es esta? Él da órdenes con autoridad, aun a los Espíritus impuros, y estos le obedecen’.” (San Marcos, 1:21 a 27.)


30. “Habiendo ellos salido, le presentaron un hombre mudo, poseído por el demonio. Expulsado el demonio, el mudo habló. Y el pueblo, tomado de admiración, decía: ‘Jamás se vio cosa semejante en Israel’.


”Pero los fariseos decían: ‘Es por el príncipe de los demonios que Él expulsa los demonios.” (San Mateo, 9:32 a 34.)


31. “Cuando Él llegó al lugar donde estaban los otros discí- pulos, vio una gran multitud de personas que los rodeaba, y muchos escribas que discutían con ellos. Todo el pueblo, al verlo, se llenó de asombro y temor, y corrieron a saludarlo.


”Entonces Él dijo: ‘¿Acerca de qué discutís con ellos?’ Un hombre de entre el pueblo, tomó la palabra y dijo: ‘Maestro, te traje a mi hijo, que está poseído por un Espíritu mudo; en cada lugar donde se apodera de él, lo echa por tierra, y el niño echa espuma, rechina los dientes y se vuelve todo rígido. Pedí a tus discípulos que lo expulsasen, pero no pudieron’.


”Jesús les respondió: ‘¡Oh, gente incrédula! ¿Hasta cuándo habré de estar con vosotros? ¿Hasta cuándo os soportaré? Traédmelo’. Y se lo trajeron. Todavía no había él puesto los ojos en Jesús, que el Espíritu comenzó a agitarlo con violencia; y él cayó al suelo y se puso a rodar soltando espuma.


”Jesús le preguntó al padre del niño: ‘¿Desde cuándo le sucede esto?’ Respondió el padre: ‘Desde pequeño. Y el Espíritu lo ha lanzado muchas veces, ya al agua, ya al fuego, para hacer que perezca; pero si pudieras hacer alguna cosa, ten compasión de nosotros y ayúdanos’.


”Le respondió Jesús: ‘Si pudieras creer, todo es posible para quien cree’. Al instante exclamó el padre del niño, bañado en lágrimas: ‘¡Señor, creo, ayúdame en mi incredulidad!’.


”Jesús, al ver que el pueblo acudía en multitud, increpó al Espíritu impuro, diciéndole: ‘Espíritu sordo y mudo, yo te lo mando: sal de ese niño y no entres más en él’. Entonces el Espíritu salió soltando un fuerte grito y sacudiendo al niño con violentas convulsiones, y quedó el niño como muerto, de modo que muchos decían que había muerto. Pero Jesús, tomándole de la mano, lo sostuvo y él se levantó.


”Cuando Jesús entró en la casa, sus discípulos le preguntaron en privado: ‘¿Por qué no pudimos nosotros expulsar ese demonio?’ Él respondió: ‘Esta clase de demonios no pueden ser expulsados sino mediante plegaria y ayuno’.” (San Marcos, 9:14 a 29.)


32. “Entonces le presentaron un poseso ciego y mudo; y Él lo curó, de modo que el poseso comenzó a hablar y a ver. Todo el pueblo quedó lleno de admiración y decía: ‘¿No es ese el hijo de David?’


”Pero los fariseos, al oírlo, decían: ‘Este hombre no expulsa los demonios más que con el auxilio de Belcebú, príncipe de los demonios’.


”Jesús, conociendo sus pensamientos, les dijo: ‘Todo reino que se divida contra sí mismo será arruinado, y toda ciudad o casa que se divida contra sí misma no podrá subsistir. Si Satanás expulsa a Satanás, está dividido contra sí mismo; ¿cómo, pues, su reino habrá de subsistir? Y si es por Belcebú que yo expulso los demonios, ¿por quién los expulsarán vuestros hijos? Por eso, ellos mismos serán vuestros jueces. Pero si expulso los demonios por el Espíritu de Dios, es porque el reino de Dios ha llegado hasta vosotros’.” (San Mateo, 12:22 a 28.)


33. Las liberaciones de los posesos, junto con las curaciones, figuran entre los actos más numerosos de Jesús. Entre los hechos de esta naturaleza, como los relatados más arriba (§ 30), hay algunos en los que la posesión no es evidente. Probablemente en aquella época, como todavía hoy sucede, se atribuía a la influencia de los demonios todas las enfermedades cuya causa no se conocía, principalmente la mudez, la epilepsia y la catalepsia. No obstante, hay otros hechos en los que la acción de los Espíritus malos es indudable. Además, presentan tan convincente analogía con aquellos fenómenos que presenciamos en la actualidad, que en ellos se reconocen todos los síntomas de ese tipo de afección. La prueba de la participación de una inteligencia oculta, en esos caso, surge de un hecho material: se trata de las numerosas curaciones radicales que se obtuvieron en algunos centros espíritas solamente a través de la evocación y la moralización de los Espíritus obsesores, sin magnetización ni medicamentos y, a menudo, en ausencia del paciente y a gran distancia de este. La inmensa superioridad de Cristo le otorgaba tal autoridad sobre los Espíritus imperfectos, entonces denominados demonios, que le bastaba a Él ordenarles que se retirasen para que no pudieran resistirse a esa orden formal. (Véase el Capítulo XIV, § 46.)


34. El hecho de que algunos Espíritus malos hayan sido mandados a meterse en los cuerpos de cerdos es contrario a todas las probabilidades. Por otra parte, sería difícil de explicar la existencia de tantos cerdos en un país donde ese animal inspiraba horror, además de que no ofrecía ninguna utilidad para la alimentación. Un Espíritu no deja de ser humano por el hecho de que sea malo, aunque sea tan imperfecto que después de desencarnar continúe haciendo el mal como lo hacía antes. Además, es contrario a todas las leyes de la naturaleza que un Espíritu humano pueda animar el cuerpo de un animal. Es preciso, pues, considerar ese hecho una de las exageraciones tan comunes en los tiempos de ignorancia y superstición, o tal vez una alegoría destinada a caracterizar las tendencias inmundas de ciertos Espíritus.


35. Todo indica que en la época de Jesús, tanto los obsesos como los posesos eran muy numerosos en Judea; de ahí la oportunidad que Él tuvo de curar a muchos. No cabe duda de que los Espíritus malos habían invadido aquel país y causado una epidemia de posesiones. (Véase el Capítulo XIV, § 49.)


Sin que presenten un carácter epidémico, las obsesiones individuales son muy frecuentes, y se revelan bajo los más variados aspectos, los cuales se reconocen fácilmente con un conocimiento más profundo del espiritismo. Pueden, a menudo, producir consecuencias nocivas para la salud, tanto si agravan afecciones orgá- nicas como si las ocasionan. Un día, sin ninguna duda, llegarán a ser incluidas entre las causas patológicas que, por su naturaleza especial, requieren medios curativos también especiales. Al revelar la causa del mal, el espiritismo abre un nuevo camino al arte de curar, y proporciona a la ciencia los medios para alcanzar el éxito donde hasta el presente, casi siempre, ve malogrados sus esfuerzos, debido a que no ataca la causa principal del problema. (Véase El Libro de los Médiums, Segunda Parte, Capítulo XXIII.)


36. Los fariseos acusaban a Jesús de expulsar a los demonios con el auxilio de los mismos demonios. Según ellos, el bien que Jesús hacía era obra de Satanás, sin reflexionar que si Satanás se expulsase a sí mismo, cometería una insensatez. Es de destacar que los fariseos de ese tiempo ya pretendían que toda facultad trascendente, y que por ese motivo era considerada sobrenatural, fuera obra del demonio, puesto que, según la opinión de ellos, el propio Jesús recibía su poder de Satanás. Es ese otro punto más de semejanza de aquella época con la actual, y esa doctrina es aún hoy la que la Iglesia intenta que prevalezca contra las manifestaciones espíritas. *




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* No todos los teólogos profesan opiniones tan absolutas sobre la doctrina demoníaca. Aquí está una cuyo valor el clero no puede discutir, emitida por un eclesiástico, Monseñor Freyssinous, obispo de Hermópolis, en el siguiente pasaje de sus Conferencias sobre la religión, volumen II, p. 341 (Paris, 1825): “Si Jesús hubiese producido sus milagros a través del poder del demonio, este habría trabajado por la destrucción de su imperio y, por lo tanto, habría empleado contra sí mismo su poder. Por cierto, un demonio que procurase destruir el reinado del vicio para implantar el de la virtud, sería un demonio muy extraño. Por eso Jesús, para replicar a la absurda acusación de los judíos, les decía: ‘Si hago prodigios en nombre del demonio, el demonio está dividido consigo mismo, y por lo tanto trabaja para su propia destrucción’. Esta respuesta no admite réplica”. Este es precisamente el argumento que los espíritas oponen a los que atribuyen al demonio los buenos consejos que los Espíritus les dan. El demonio obraría entonces como un ladrón profesional que restituyera todo lo que hubiera robado y exhortase a otros ladrones a que se conviertan en personas honestas. (N. de Allan Kardec.)