EL LIBRO DE LOS MÉDIUMS

Allan Kardec

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Apariciones de Espíritus de personas vivas. – Hombres dobles. – San Alfonso de Ligori, y San Antonio de Padua. – Vespasiano. – Transfiguración. – Invisibilidad.

Apariciones de Espíritus de personas vivas

114. Estos dos fenómenos son variedades de las manifestaciones visuales, y aunque desde luego puedan parecer maravillosos, se reconocerá fácilmente, por la explicación que pueda darse de los mismos, que no salen del orden de los fenómenos naturales. Uno y otro descansan sobre este principio, a saber: que todo lo que sea dicho sobre las propiedades del periespíritu después de la muerte, se aplica al periespíritu de los vivos. Sabemos que durante el sueño el Espíritu recupera parte de su libertad, quiere decir, se aisla del cuerpo, y fue en este estado que tuvimos muchas ocasiones de observarlo. Pero el Espírito, sea el hombre muerto o vivo, tiene siempre su envoltura semimaterial, que por las mismas causas que hemos descrito puede adquirir la visibilidad y al tangibilidad. Hechos muy positivos nos dejan ninguna duda en cuanto a esto; sólo citaremos algunos ejemplos que conocemos personalmente, cuya exactitud podemos garantizar, y todos pueden recoger ejemplos análogos consultando su memoria.

115. La esposa de uno de nuestros amigos vio diferentes veces durante la noche entrar en su cuarto, con luz o sin ella, una vendedora de fruta de las cercanías, que conocía de vista, pero a la cual no había hablado jamás. Esta aparición le causó un espanto tanto más grande, cuanto que en esta época esta señora no tenía ningún conocimiento del Espiritismo, y que este fenómeno se repitió muy a menudo. Pues la vendedora estaba perfectamente viva, a esta hora probablemente dormía; mientras que su cuerpo material estaba en casa, su Espíritu y su cuerpo fluídico estaban en la de esta señora; ¿por qué motivo? Esto es lo que no se sabe. En semejante caso, un espiritista iniciado en esta clase de cosas se lo hubiera preguntado, pero dicha señora no tuvo tal idea. Cada vez la aparición se eclipsaba sin que supiera cómo, y siempre que desaparecía iba a asegurarse que todas las puertas estaban perfectamente cerradas, y que nadie había podido introducirse en su habitación. Esta precaución le probaba que estaba bien despierta y que no era juguete de un sueño. Otras veces vio de la misma manera un hombre que no conocía, pero un día vio a su hermano que estaba en California; tenía de tal modo la apariencia de una persona real, que en primer momento creyó en su vuelta y quería dirigirle la palabra, pero desapareció sin darle tiempo. Una carta recibida posteriormente le acreditó que no había muerto. Esta señora era lo que se puede llamar un médium vidente natural, pero como hemos dicho en aquella época no había oído jamás hablar de médiums.

116. Otra señora que habita en la provincia, estando gravemente enferma, vio una noche, a eso de las diez, un caballero anciano, habitante en la misma ciudad, y que veía algunas veces en la sociedad, pero sin ninguna relación de intimidad. Este caballero estaba sentado en un sillón al pie de su cama, y de cuando en cuando tomaba un polvo, aparentando que la cuidaba. Sorprendida de tal visita a semejante hora, quiso preguntarle el motivo, pero el caballero le hizo señas para que no hablase y de que durmiera; varias veces quiso dirigirle la palabra y siempre le hizo la misma recomendación. Al fin se durmió. Después de algunos días, estando restablecida, recibió la visita de este mismo caballero pero en una hora más conveniente, y esta vez era verdaderamente él; tenía el mismo traje, la misma caja de tabaco y exactamente las mismas maneras. Persuadida de que había venido durante su enfermedad, le dio las gracias por la molestia que se había tomado. El caballero, muy sorprendido, le dijo que no había tenido el gusto de verla hacía bastante tiempo. La señora, que conocía los fenómenos espiritistas, comprendió lo que era esto; pero no queriéndoselo explicar, se contentó con decirle que probablemente lo habría soñado.

Esto es lo probable, dirán los incrédulos, los Espíritus fuertes, lo que para ellos es sinónimo de gentes de genio; pero es cierto que esta señora no dormía esta vez ni la precedente. – Entonces sería que soñaba despierta o, de otro modo, que estaba alucinada. – He aquí la gran palabra, la explicación universal de todo lo que no se comprende. Como hemos ya refutado suficientemente esta objeción, continuaremos dirigiéndonos a aquellos que pueden comprendernos.

117. Sin embargo, he aquí otro hecho más característico, y nos alegraríamos al ver cómo podría explicarse por el solo juego de la imaginación.

Un caballero habitante en provincia no había querido jamás casarse, a pesar de las instancias de su familia. Se le había insistido notablemente a favor de una persona que residía en una ciudad vecina, y que él no había visto nunca. Un día, estando en su cuarto, se admiró al verse en presencia de una joven vestida de blanco y la cabeza adornada con una corona de flores. Le dijo que era su desposada; le tendió la mano, que tomó, y en la cual vio un anillo. Al cabo de algunos instantes todo desapareció. Sorprendido de esta aparición, y asegurándose que se hallaba bien despierto, se informó si alguien había venido aquel día, pero se le contestó que no se había visto a nadie. Un año después, cediendo a las nuevas instancias de una parienta, se decidió ir a ver a la que se le proponía. Llegó el día de Corpus; volviendo de la procesión, una de las primeras personas que se presentó a su vista entrando en la casa fue una joven que reconoció por la que se le había aparecido, vestida de la misma manera, porque el día de la aparición era también el del Corpus. Quedó anonadado, y por su parte la joven dio un grito de sorpresa y se puso enferma. Vuelta en sí, dijo que había visto a este caballero en semejante día del año precedente. Se efectuó el casamiento. Esto ocurrió hacia el año de 1835; en aquella epoca no se trataba de Espíritus, y por otra parte uno y otro son personas de un positivismo extremo y de una imaginación nada exaltada.

Puede ser que se diga que uno y otro tenían el Espíritu afectado con la idea de la unión propuesta, y que esta preocupación determinó una alucinación; pero es preciso no olvidar que el marido era tan indiferente a esto, que estuvo un año sin ir a ver a su pretendida. Aun admitiendo esta hipótesis, quedaría por explicar la doble aparición, la coincidencia del traje con el día de Corpus y, en fin, el reconocimiento físico entre personas que no se había visto jamás, circunstancias que no pueden ser producto de la imaginación.

118. Antes de ir más lejos debemos responder inmediatamente a una pregunta que no dejarán de hacernos: es saber cómo el cuerpo puede vivir mientras que el Espíritu está ausente. Podríamos decir que el cuerpo puede vivir con la vida orgánica que es independiente de la presencia del Espíritu, y la prueba de esto es que las plantas viven y no tienen Espíritu; pero debemos añadir que durante la vida el Espíritu nunca está desprendido completamente del cuerpo. Los Espíritus, lo mismo que ciertos médiums videntes, reconocen el Espíritu de una persona viviente por medio de un cordón luminoso que termina en su cuerpo fenómeno que no tiene nunca lugar cuando el cuerpo está muerto, porque entonces la separación es completa. Por medio de esta comunicación el Espíritu es advertido instantáneamente de la necesidad que el cuerpo puede tener de su presencia, y entonces vuelve con la prontitud del relámpago desde cualquier distancia que esté. Resulta de esto que el cuerpo jamás puede morir mientras dure la ausencia del Espíritu, y que no puede nunca acontecer que éste, a su vuelta, encuentre la puerta cerrada como lo han dicho algunos novelistas en las historias de su invención. El libro de los Espíritus, núms. 400 y siguientes).

Hombres dobles. – San Alfonso de Ligori, y San Antonio de Padua

119. Volvamos a nuestro asunto. El Espíritu de una persona viva, aislado del cuerpo, puede aparecer como el de una persona muerta, y tener todas las apariencias de la realidad; además, por las mismas causas que hemos explicado, puede adquirir una tangibilidad momentánea. Es el fenómeno designado bajo el nombre de bicorporeidad, el que ha dado lugar a las historias de los hombres dobles, esto es, de individuos cuya presencia simultánea ha sido acreditada en dos parajes diferentes. He aquí dos ejemplos sacados, no de las leyendas populares, sino de la historia eclesiástica.

San Alfonso de Ligorio fue canonizado antes del tiempo exigido, por haberse mostrado simultáneamente en dos parajes diferentes, lo que pasó por un milagro.

San Antonio de Padua estaba en España, y al mismo tiempo que predicaba, su padre, que estaba en Padua, iba al suplicio acusado de un asesinato. En este momento aparece San Antonio, demuestra la inocencia de su padre y hace reconocer al verdadero criminal, quien más tarde sufrió el castigo. Se probó que en el mismo momento. San Antonio no había salido de España.

Habiendo sido evocado San Alfonso, e interrogado por nosotros acerca del hecho arriba manifestado, contestó lo que sigue:

1. ¿Podría explicarnos este fenómeno? Sí; el hombre, cuando está completamente desmaterializado por su virtud, y que ha elevado su alma hacia Dios, puede aparecer en dos parajes a la vez. He aquí cómo. El Espíritu encarnado, sintiendo venir el sueño, puede pedir a Dios transportarse a un lugar cualquiera. Su Espíritu o su alma, como queráis llamarla, abandona entonces su cuerpo seguido de una parte de su periespíritu, y deja la materia inmunda en un estado vecino a la muerte. Digo vecino a la muerte porque queda en el cuerpo un lazo que une el periespíritu y el alma a la materia, y este lazo no puede ser definido. El cuerpo aparece en este estado al paraje que se le ha llamado. Creo que es todo lo que deseáis saber.

2. Esto no nos da la explicación de la visibilidad y tangibilidad del periespíritu. El Espíritu, encontrándose separado de la materia según su grado de elevación puede hacerse tangible a la materia.

3. ¿El sueño del cuerpo es indispensable para que el Espíritu aparezca en otros parajes? El alma puede dividirse, cuando se siente transportada a un lugar diferente de aquel en que se encuentra el cuerpo. Puede acontecer que el cuerpo no duerma, aunque esto sea muy raro, pero entonces el cuerpo no está jamás en un estado perfectamente normal, está siempre en un estado más o menos extático.

Observación. – El alma no se divide en el sentido literal de la palabra; irradia por diferentes lados, y es así como puede manifestarse sobre muchos puntos sin estar dividida; es lo mismo que una luz que pueda simultáneamente reflejarse en muchos espejos.

4. ¿Qué le acontecería a un hombre si se le despertase bruscamente en el mismo momento que, sumergido en el sueño, su Espíritu apareciese en otra parte? Esto no sucederá, porque si alguno tenía la intención de despertarle, volvería el Espíritu al cuerpo y prevendría la intención, atendido que el Espíritu lee el pensamiento.

Se nos ha dado varias veces una explicación completamente idéntica, por el Espíritu de personas muertas o vivas. San Alfonso explica el hecho de la doble presencia, pero no da la teoría de la visibilidad y tangibilidad.


Vespasiano

120. Tácito refiere un hecho análogo. Durante los meses que Vespasiano pasó en Alejandría para esperar la vuelta periódica de los vientos de verano y la estación en que el mar estaba más seguro, acontecieron muchos prodigios, por donde se manifestó el favor del cielo y el interés que los dioses parecían tomar por este príncipe...

Estos prodigios redoblaron en Vespasiano el deseo de visitar el lugar sagrado de Dios, para consultarle los asuntos del imperio. Ordenó que el templo se cerrarse para todo el mundo; luego que hubo entrado en él y fijado su atención en lo que iba a pronunciar el oráculo, percibió detrás de él uno de los principales egipcios, nombrado Basilide, que sabía estaba detenido por enfermo a muchas jornadas de Alejandría. Se informó de los sacerdotes si Basilide había venido al templo en este día; se enteró por los demás si se le había visto en la ciudad; en fin, envió hombres a caballo y se aseguró que en dicho momento estaba a ochenta millas de distancia. Entonces no dudó ya que la visión fuese sobrenatural, y el nombre de Basilide le sirvió para él de oráculo. (Tácito, Historias, Lib. IV, cap. 81 y 82, traducción de Burnouf).

121. El individuo que se muestra simultáneamente en dos parajes diferentes, tiene, pues, dos cuerpos; pero de estos dos cuerpos uno solo es real, el otro no es más que la apariencia; se puede decir que el primero tiene la vida orgánica, y que el segundo tiene la vida del alma; al despertar, los dos cuerpos se reúnen y la vida del alma entra en el cuerpo material. No parece posible, al menos no tenemos nosotros ejemplo, y la razón parece demostrarlo, que en el estado de separación, los dos cuerpos puedan gozar simultáneamente y al mismo grado de la vida activa e inteligente. Se deduce, además, de lo que acabamos de decir, que el cuerpo real no podría morir mientras que el cuerpo aparente quedase visible; la aproximación de la muerte llamaría siempre al Espíritu al cuerpo, aunque sólo fuese por un instante. Resulta, igualmente, que no podría darse la muerte al cuerpo aparente, porque no es orgánico ni está formado de carne y hueso; desaparecería en el mismo momento que se tratara de matarle. *

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* Véase la Revista Espírita, enero de 1859, “El Duende de Bayona”; febrero 1859, “Los no engendrados, Mi amigo Hermann”; mayo 1859; “El Lazo entre el Espíritu y el cuerpo”; noviembre 1859, “El alma errante”; enero 1860, “El Espíritu de un lado y el cuerpo de otro”; marzo 1860, “Estudio sobre el Espíritu de las personas vivas: El doctor V. y la señora I”.; abril 1860, “El fabricante de San Petersburgo”; “Apariciones tangibles”; noviembre 1860; “Historia de María de Agreda”; julio 1861, “Una aparición providencial”.



Transfiguración


122. Pasemos al segundo fenómeno, el de la transfiguración. Consiste en el cambio de aspecto de un cuerpo vivo. He aquí respecto a esto un hecho del que podemos garantizar la perfecta autenticidad que pasó en los años 1858 y 1859, en las cercanías de Sain-Etienne. Una joven de unos quince años gozaba de la singular facultad de transfigurarse, esto es, de tomar en momentos dados todas las apariencias de ciertas personas muertas; la ilusión era tan completa, que se creía tener la persona delante de sí tan semejantes eran las facciones, la mirada, el sonido de la voz y hasta la jerga o dialecto. Este fenómeno se ha renovado centenares de veces independientemente de la voluntad de la joven. Muchas veces tomaba la apariencia de su hermano, muerto algunos años antes; tenía no sólo su figura, sino la talla y el volumen del cuerpo. Un médico del país, varias veces testigo de estos raros efectos, y queriendo asegurarse si era él juguete de una ilusión, hizo la experiencia siguiente. Nosotros hemos adquirido estas noticias de él mismo, del padre de la joven y de muchos otros testigos oculares muy honrados y muy dignos de fe. Tuvo la idea de pesar a la joven en su estado normal, después en el de la transfiguración, cuando tenía la apariencia de su hermano, de edad veintitantos años, mucho más corpulento y robusto. Pues bien: se encontró que en este último estado el peso era casi el doble. La experiencia era concluyente y no era posible atribuir esta apariencia a una simple ilusión óptica. Ensayemos la explicación de este hecho que en otro tiempo se hubiera llamado milagro, y que nosotros llamamos simplemente fenómeno.

123. La transfiguración, en ciertos casos, puede tener por causa una simple contracción muscular que puede dar a la fisonomía una expresión diferente, al punto de hacer la persona casi desconocida. Nosotros lo hemos observado muchas veces en ciertos sonámbulos, pero en este caso la transformación es radical; una mujer podrá aparecer joven o vieja, bella o fea, pero será siempre una mujer, y su peso, sobre todo, no aumentará ni disminuirá. En el caso de que se trata, es bien evidente que hay alguna cosa de más: la teoría del periespíritu nos pondrá en camino.

Está admitido en principio que el Espíritu puede dar a su periespíritu todas las apariencias; que por una modificación en la disposición molecular puede darle la visibilidad, la tangibilidad y, por consecuencia, la opacidad; que el periespíritu de una persona viva, aislada del cuerpo, puede sufrir las mismas transformaciones; que este cambio de estado se opera por la combinación de los fluidos. Figurémonos ahora el periespíritu de una persona viva, no aislada, sino irradiando alrededor del cuerpo de manera que lo envuelva con una especie de vapor; en este estado puede sufrir las mismas modificaciones que si estuviese separado del cuerpo; si pierde su transparencia, el cuerpo puede desaparecer, venir a ser invisible y estar velado como si estuviese metido en una densa niebla. Podrá también cambiar de aspecto, volverse resplandeciente si tal es la voluntad o el poder del Espíritu. Otro Espíritu, combinando su propio fluido con el primero, puede sustituirle con su propia apariencia; de tal modo que el cuerpo real desaparezca bajo una envoltura fluídica exterior, cuya apariencia puede variar a gusto del Espíritu. Tal parece ser la verdadera causa del extraño y raro fenómeno, preciso es decirlo así, de la transfiguración. En cuando a la diferencia del peso, se explica de la misma manera que para los cuerpos inertes. El peso intrínseco del cuerpo no ha variado porque la cantidad de materia no ha aumentado; sufre, sí, la influencia de un agente exterior que puede aumentar o disminuir el peso relativo, como lo hemos explicado más arriba, números 78 y siguientes. Es, pues, probable que si la transfiguración hubiese tenido lugar bajo el aspecto de un niño, el peso hubiera disminuido a proporción.

Invisibilidad

124. Se concibe que el cuerpo pueda tomar otra apariencia mayor o de la misma dimensión; pero, ¿cómo podría tomarla más pequeña la de un niño, como acabamos de decir? En este caso el cuerpo real no pasaría de los límites del cuerpo aparente? No decimos que el hecho se haya producido; hemos querido sólo demostrar, refiriéndonos a la teoría del peso específico, que el peso aparente hubiese podido disminuir. En cuanto al fenómeno en sí mismo, no afirmamos ni su posibilidad, ni su imposibilidad; pero en el caso en que tuviera lugar, del cual no se pudiera dar una solución satisfactoria, no por esto se infirmaría el fenómeno; no olvidemos que estamos al principio de la ciencia y que estamos aún lejos de que lo diga todo sobre este punto, como sobre otros muchos. Además, las partes excedentes podrían perfectamente hacerse invisibles.

La teoría del fenómeno de la invisibilidad resalta, naturalmente, de las explicaciones precedentes y de las que se han dado con motivo del fenómeno de los aportes.

125. Nos faltaría tratar del singular fenómeno de los no engendrados * que por extraordinario que pueda parecer a primera vista no es más sobrenatural que los otros. Pero como lo hemos explicado en la Revista Espírita (febrero de 1859) creemos inútil reproducir aquí los detalles; diremos solamente que es una variedad de la aparición tangible; es el estado de ciertos Espíritus que pueden revestir momentáneamente las formas de una persona viva a punto de hacer completa ilusión.

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* Del griego a privatif, et géine, geinomai engendrar; que no ha sido engendrado.