EL LIBRO DE LOS MÉDIUMS

Allan Kardec

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Nota. — En el número de las comunicaciones siguientes algunas se han dado en la Sociedad Parisiense de Estudios Espíritas o a su intención; otras que se nos han transmitido por diferentes médiums, contienen consejos generales sobre las reuniones, su formación y los escollos que se pueden encontrar.

XVI

¿Por qué no empezáis vuestras sesiones por una invocación general, una especie de plegaria que prepararía al recogimiento? Porque es menester que sepáis que sin el recogimiento solo obtendréis comunicaciones ligeras; los Espíritus buenos solo van adonde se les llama con fervor y sinceridad. Esto es lo que no se comprende bastante; a vosotros, pues, toca el dar ejemplo; a vosotros que si lo queréis podéis llegar a ser una de las columnas del nuevo edificio. Vemos vuestros trabajos con placer y los ayudamos, pero a condición de que nos secundéis desde vuestro lado y que os mostréis a la altura de la misión que fuisteis llamados a cumplir. Formad, pues, la unión y seréis fuertes y los Espíritus malos no prevalecerán contra vosotros. Dios ama a los sencillos de espíritu lo que no quiere decir a los necios, sino a aquellos que hacen abnegación de sí mismos y que vienen a Él sin orgullo. Podéis llegar a ser un foco de luz para la Humanidad; sabed, pues, distinguir el buen grano de la cizaña; sembrad sólo el buen grano y guardaos de esparcir la cizaña porque ésta impedirá al buen grano de crecer, y vosotros seríais responsables de todo el mal que haga, de la misma manera que seréis responsables de las malas doctrinas que podríais propagar. Acordaos de que el mundo podrá tener un día la vista sobre vosotros; haced, pues, que nada obscurezca el resplandor de las cosas buenas que saldrán de vuestro seno, por esto os recomendamos que oréis a Dios para que os asista. San Agustín Rogado San Agustín para que diera una fórmula de invocación general, respondió: “Ya sabéis que no hay fórmula absoluta. Dios es muy grande para dar más importancia a las palabras que al pensamiento. Además no creáis que baste el pronunciar algunas palabras para separar a los malos Espíritus; sobre todo guardaos de hacer una de esas fórmulas ligeras que se recitan para descargo de la conciencia; su eficacia está en la sinceridad del sentimiento que la dicta, está sobre todo en la unanimidad de la intención, porque ninguno de aquellos que no se asociasen a ella de corazón, no podría sacar beneficio ni hacer beneficiar a los demás. Redactarla vosotros mismos y sometedla a mi examen si queréis yo os ayudaré.”

Nota. — La fórmula siguiente de evocación general ha sido redactada con asistencia de los Espíritus que la han completado en muchos puntos. Rogamos a Dios Todopoderoso que nos envíe Espíritus buenos para asistirnos y aleje aquellos que podrían inducirnos en error; dadnos la luz necesaria para distinguir la verdad de la impostura. Separad también a los Espíritus malévolos que podrían poner la desunión entre vosotros suscitando la envidia, el orgullo y los celos. Si algunos intentasen introducirse aquí, en nombre de Dios, les conjuramos a que se retiren. Espíritus buenos que presidís nuestros trabajos, dignaos instruirnos y hacernos dóciles a vuestros consejos. Haced que todo sentimiento personal se borre en nosotros ante el pensamiento del bien general. Rogamos particularmente a..., nuestro protector especial, para que tenga a bien prestarnos hoy su asistencia.

XVII

Amigos míos, dejadme que os dé un consejo, porque vosotros marcháis sobre un terreno nuevo y si seguís la ruta que os indicamos no os perderéis. Se os ha dicho una cosa que es muy verdadera y queremos recordárosla; es que el Espiritismo solo es una moral, y no debe salir de los límites de la filosofía ni un solo paso, si no quiere caer en el dominio de la curiosidad. Dejad a un lado la cuestión de las ciencias: la misión de los Espíritus no es de resolverlas ahorrándoos el trabajo de la investigación, sino procurar haceros mejores porque de este modo es como avanzares realmente. San Luis.

XVIII

Se han burlado de las mesas giratorias, nunca se burlarán de la filosofía, de la sabiduría y de la caridad que brillan en las comunicaciones formales. Este fue el vestíbulo de la ciencia; entrando en él deben dejarse las preocupaciones como uno deja la capa. Nunca os instaré bastante para que hagáis un centro formal de vuestras reuniones. Que en otra parte se hagan demostraciones físicas, que Allá se vea, que acullá se oiga, haced que entre vosotros se comprenda y se ame. ¿Qué creéis que sois vosotros a los ojos de los Espíritus superiores cuando habéis hecho girar o levantar una mesa? Estudiantes; ¿acaso el sabio pasa el tiempo en repasar el a, b, c de la ciencia? Mientras que viéndoos buscar las comunicaciones formales se os considera como hombres también formales en busca de la verdad. San Luis.

Habiendo preguntado a San Luis si entendía por esto vituperar las manifestaciones físicas, contestó: Yo no podría vituperar las manifestaciones físicas, puesto que si tienen lugar, es con permiso de Dios y con un fin útil; diciendo que fueron el vestíbulo de la ciencia, las coloco en su verdadero puesto y afirmo su utilidad. Yo sólo vitupero a aquellos que hacen de ellas un objeto de diversión y de curiosidad, sin aprovechar la enseñanza que es su consecuencia; son para la filosofía del Espiritismo lo que la gramática para la literatura, y el que ha llegado a cierto grado en una ciencia no pierde el tiempo en repasar los elementos.

XIX

Amigos míos y fieles creyentes, soy siempre feliz de poderos dirigir por el camino del bien; es una misión dulce que Dios me da, de la que estoy contentísimo, porque el ser útil es siempre una recompensa. Que el Espíritu de caridad os reúna, tanto a la caridad que da como a la caridad que ama. Manifestaos pacientes contra las injurias de vuestros detractores; sed firmes en el bien, y sobre todo humildes ante Dios; sólo la humildad eleva; es la única grandeza que Dios reconoce. Entonces solo vendrán a vosotros los Espíritus buenos; de lo contrario el del mal se apoderaría de vuestra alma. Sed bendecidos en nombre del Creador y os engrandeceréis a los ojos de los hombres, al mismo tiempo que a los ojos de Dios. San Luis.

XX

La unión es la fuerza; debéis estar unidos para ser fuertes. El Espiritismo ha germinado, echado sus profundas raíces; y va a extender sobre la Tierra sus ramas bienhechoras. Es menester haceros invulnerables contra los lances emponzoñados de la calumnia y de la negra falange de Espíritus ignorantes, egoístas e hipócritas. Para conseguirlo, que una indulgencia y una benevolencia recíprocas presidan vuestras relaciones; que vuestros defectos pasen desapercibidos, que sólo vuestras cualidades sean notadas; que la antorcha de la amistad santa reúna, esclarezca y enardezca vuestros corazones, y resistiréis a los ataques impotentes del mal, como resiste la roca a la ola furiosa. San Vicente de Paúl.

XXI

Amigos míos, vosotros queréis formar una reunión espírita y os lo apruebo, porque los Espíritus no pueden ver con placer que los médiums estén aislados. Dios no les ha dado esta sublime facultad para ellos solos, sino para el bien general. Comunicándose con otros, tienen mil ocasiones de ilustrarse sobre el mérito de las comunicaciones que reciben, mientras que solos, están mucho mejor bajo el imperio de los Espíritus mentirosos, maravillados de no tener comprobación. Esto es para vosotros, y si no estáis dominados por el orgullo, lo comprenderéis y de ello sacaréis provecho. Vamos ahora para los demás. ¿Os habéis dado cuenta de lo que debe ser una reunión espiritista? No, porque en vuestro celo creéis que lo que puede hacerse mejor, es reunir el mayor número de personas, con el fin de convencerlas. Desengañaos; cuantos menos fuereis más obtendréis. Es sobre todo por el ascendiente moral que vosotros ejerceréis, que atraeréis a los incrédulos, mucho más que por los fenómenos que obtengáis; si sólo atraéis por los fenómenos, os vendrán a ver por curiosidad y encontraréis curiosos que no os creerán y que se reirán de vosotros; si solo se encuentran entre vosotros personas dignas de estima, puede ser que no se os crea en seguida, pero se os respetará, y el respeto inspira siempre confianza. Estáis convencidos que el Espiritismo debe conducir a una reforma moral; que vuestra reunión sea, pues, la primera en dar ejemplo de virtudes cristianas, porque en este tiempo de egoísmo, en las sociedades espiritistas la verdadera caridad debe encontrar un refugio (1). Tal debe ser, amigos míos, una reunión de verdaderos espiritistas. Otra vez ya daré otros consejos. Fenelón.

XXII

Me habéis preguntado si la multiplicidad de grupos en una misma localidad, podría engendrar rivalidades sensibles para la doctrina. A esto os responderé que los están imbuidos de los verdaderos principios de esta doctrina, miran como hermanos a todos los espiritistas y no como rivales; los que mirasen a las otras reuniones con celos, probarían que hay entre ellos una segunda intención de interés o de amor propio, y que no están guiados por el amor a la verdad. Os aseguro que si estas personas estuviesen entre vosotros, pronto sembrarían la turbación y la desunión. El verdadero Espiritismo tiene por divisa la benevolencia y la caridad; excluye toda rivalidad que no sea el bien que puede hacerse; todos los grupos que se inscriban bajo (1) Nosotros conocemos un sujeto que fue aceptado para un empleo de confianza en una casa importante, porque era espiritista sincero y se ha creído encontrar una garantía de moralidad en sus creencias. su estandarte podrán darse la mano como buenos vecinos, que no son menos amigos aun cuando no habiten una misma casa. Los que pretendan tener los mejores Espíritus por guías, deberán probarlo enseñando los mejores sentimientos; que haya, pues entre ellos lucha, pero lucha de grandeza de alma, de abnegación, de bondad y de humildad; el que lanzase al otro piedras, sólo por esto probaría que está tentado por malos Espíritus. La naturaleza de los sentimientos que dos hombres manifiestan el uno con respecto al otro, es la piedra de toque que hace conocer la naturaleza de los Espíritus que les asisten. Fenelón.

XXIII

El silencio y el recogimiento son condiciones esenciales para todas las comunicaciones formales. Nunca obtendréis esto de aquellos que solo sean atraídos a vuestras reuniones por la curiosidad: obligad, pues, a los curiosos que vayan a divertirse a otra parte, porque su distracción sería una causa de turbación. No debéis tolerar ninguna conversación cuando se pregunta a los Espíritus. Algunas veces tenéis comunicaciones que existen réplicas formales por vuestra parte, y respuestas que no lo son menos de parte de los Espíritus evocados, que experimentan, creedlo bien, descontento por los cuchicheos continuos de ciertos asistentes; de aquí viene que nada hay completo ni verdaderamente formal; el médium que escribe, experimenta también distracciones muy perniciosas para su ministerio. San Luis.

XXIV

Yo os hablaré de la necesidad de observar la más grande regularidad en vuestras sesiones, es decir, de evitar toda confusión, toda divergencia en las ideas. La divergencia favorece la substitución de malos Espíritus a los buenos y casi siempre son los primeros los que se apoderan de las cuestiones que se proponen. Por otra parte, en una reunión compuesta de elementos diversos y desconocidos los unos de los otros, ¿cómo se evitan las ideas contradictorias, la distracción y aun peor: una vaga y satírica indiferencia? Este medio quisiera encontrarlo eficaz y cierto. Puede que esté en la concentración de los fluidos esparcidos alrededor de los médiums. Ellos solos, pero sobre todo aquellos que son estimados, retienen a los Espíritus buenos en la asamblea; pero su influencia apenas basta para disipar la turba de Espíritus ligeros. El trabajo del examen de las comunicaciones es excelente; no se sabrían profundizar bastante las cuestiones y sobre todo las respuestas; el error es fácil, aun para los Espíritus animados de las mejores intenciones; la lentitud de la escritura durante la cual el Espíritu se desvía del asunto que agota tan pronto como lo ha concebido, la movilidad y la indiferencia por ciertas formas convenidas, todas estas razones y muchas otras, os hacen un deber de no tener sino una confianza limitada y siempre subordinada el examen, aun cuando se trate de las comunicaciones más auténticas. Georges (Espíritu familiar).

XXV

La mayor parte de las veces, ¿con qué fin pedís comunicaciones a los Espíritus? Para obtener un buen escrito y enseñarlo a vuestros conocidos como muestra de nuestro talento, los conserváis preciosamente en vuestros álbumes, pero en vuestros corazones no hay cabida. ¿Creéis que porque nos lisonjeáis venimos a tomar puesto en vuestras asambleas como en un concurso haciendo gala de elocuencia para que podáis decir que la sesión ha sido muy interesante? ¿Qué os queda cuando habéis encontrado una comunicación admirable? ¿Creéis que venimos buscando vuestros aplausos? Desengañaos; no estamos dispuestos a divertiros de ningún modo; por vuestra parte, estáis aún en la curiosidad que en vano disimiláis; nuestro objeto es haceros mejores. Además, cuando nosotros vemos que nuestras palabras no dan fruto, y que todo se reduce por vuestra parte a una estéril aprobación, vamos a buscar almas más dóciles; entonces dejamos venir a nuestro puesto a los Espíritus que sólo quieren hablar, y de éstos no falta. Vosotros os admiráis de que dejemos tomar nuestro nombre. ¿Qué os importa, puesto que para vosotros es lo mismo? Pero sabed bien que no lo permitiríamos delante de aquellos por quienes realmente nos interesamos, es decir, con aquellos con quienes no perdemos nuestro tiempo: aquellos son nuestros preferidos y les preservamos de la mentira. No deis, pues, la culpa a nadie sino a vosotros si sois engañados tan a menudo; para nosotros el hombre formal no es aquel que se abstiene de reír, sin aquel cuyo corazón se conmueve en nuestras palabras, que las medita y se aprovecha de ellas. (Véase núm. 268, preguntas 19 y 20). Massillon.

XXVI

El Espiritismo debería ser un escudo contra el Espíritu de discordia y desunión; pero este Espíritu en todo tiempo sacude su ponzoña sobre los humanos, porque está celoso de la felicidad que procura la paz y la unión. ¡Espiritistas! Él podrá, pues, penetrar en vuestras asambleas y no lo dudéis, procurará sembrar en ellas la defección, pero será impotente contra los que están animados de la verdadera caridad. Estad preparados y velad cesar en la puerta de vuestro corazón, como en la de vuestras reuniones para no dejar penetrar al enemigo. Si vuestros esfuerzos son impotentes contra el de fuera, siempre dependerá de vosotros el impedirle el acceso de vuestra alma. Si nacen disensiones entre vosotros, sólo pueden ser suscitadas por malos Espíritus; pues los que tengan en más alto grado el sentimiento de los deberes que les impone la urbanidad, lo mismo que el Espiritismo verdadero, se manifiesten los más pacientes, los más dignos y los más cariñosos; algunas veces los buenos Espíritus pueden permitir estas luchas para proporcionar tanto a los buenos como a los malos sentimientos, la ocasión de descubrirse, a fin de separar el mal grano de la cizaña y estarán siempre del lado que habrá más humildad y verdadera caridad. San Vicente de Paúl.

XXVII

Rechazad enérgicamente a todos estos Espíritus que se ofrecen como consejeros exclusivos, predicando la división y el aislamiento. Estos son casi siempre Espíritus vanidosos y medianos, que procuran imponer a los hombres débiles y crédulos, prodigándoles alabanzas exageradas con el fin de fascinarles y tenerles bajo su dominio. Estos Espíritus están generalmente hambrientos de poder, y déspotas públicos o privados cuando vivían, quieren aún tener víctimas para tiranizar después de su muerte. En general, desconfiad de las comunicaciones que llevan un carácter de misticismo y de extrañeza, o que prescriben ceremonias y actos ridículos; en tal caso hay siempre un motivo legítimo de sospecha. Por otra parte, creed que cuando debe revelarse una verdad a la Humanidad, se comunica instantáneamente, por decirlo así, a todos los grupos formales que posean buenos médiums, y no a unos con exclusión de los demás. Nadie es médium perfecto si está obseso, y hay obsesión manifiesta cuando un médium sólo es apto para recibir las comunicaciones de un Espíritu especial, por alto que procure colocarse él mismo. En consecuencia, todos los médiums, todos los grupos que se crean privilegiados por comunicaciones que sólo ellos pueden recibir, y que por otra parte están sujetos a prácticas que rayan en superstición, están indudablemente bajo la obsesión más caracterizada, sobre todo cuando el Espíritu que domina se adorna con el nombre que todos, Espíritus y encarnados, debemos honrar y respetar, y no permitir que se comprometa a cada paso. Es incontestable que sometiendo al crisol de la razón y de la lógica todos los dones y todas las comunicaciones de los Espíritus, será fácil el rechazar lo absurdo y el error. Un médium puede estar fascinado, un grupo puede ser engañado; pero la comprobación severa de los otros y además la ciencia adquirida y la alta autoridad moral de sus jefes, las comunicaciones de los principales médiums que reciben un sello de lógica y de autenticidad de nuestros mejores Espíritus, harán rápidamente justicia a estos dictados mentirosos y astutos, emanados de una turba de Espíritus engañosos o malos. Erasto (discípulo de San Pablo).

Observación. — Uno de los caracteres distintivos de estos Espíritus que quieren imponer y hacer aceptar ideas ridículas y sistemáticas, es el pretender, aun cuando sólo sean solos en su opinión, tener razón contra todo el mundo. Su táctica es evitar la discusión y cuando se ve combatidos victoriosamente por las armas irresistibles de la lógica, rehusan desdeñosamente responder y prescriben a sus médiums que se alejen de los centros en que sus ideas no son acogidas. Este aislamiento es lo más fatal que hay para los médiums, porque sufren sin contraposición, el yugo de los Espíritus obsesores, que les conducen como ciegos, y les llevan a menudo por caminos perniciosos.

XXVIII

Los falsos profetas no están sólo entre los encarnados, están también y en mucho mayor número entre los espíritus orgullosos que bajo falsas apariencias de amor y caridad, siembran la desunión y retardan la obra emancipadora de la Humanidad, esparciendo sus sistemas absurdos que hacen aceptar por los médiums; y para fascinar mejor a los que quieren engañar, para dar más peso a sus teorías, toman sin escrúpulo los nombres que los hombres sólo pronuncian con respeto, los de los santos justamente venerados, de Jesús, de María y aun de Dios. Estos son los que siembran las levaduras de antagonismo entre los grupos, que les conducen a aislarse los unos de los otros y mirarse con mal ojo. Esto sólo bastaría para descubrirles, porque obrando de este modo, ello mismos dan el más formal mentís a lo que pretenden ser. Ciegos, pues, son los hombres que se dejan coger en una red tan grosera. Pero hay muchos otros medios de reconocerles. Los Espíritus del orden al cual dicen ellos que pertenecen, deber ser solamente muy buenos, sino que además eminentemente lógicos y racionales. Pues bien, pasad sus sistemas por el tamiz de la razón y del buen sentido y veréis lo que quedará. Convenid, pues, conmigo que todas las veces que un Espíritu indica, como remedio a los males de la Humanidad o como medio de llegar a su transformación, cosas utópicas e impracticables, medidas pueriles y ridículas; cuando formula un sistema contradicho por las más vulgares nociones de la ciencia, solo puede ser un Espíritu ignorante y mentiroso. Por otra parte, creed bien que si la verdad no es siempre apreciada por los individuos, los es siempre por el buen sentido de las masas, y también esto es un criterio. Si dos principios se contradicen tendréis la medida de su valor intrínseco, buscando aquel que tenga más eco y simpatía; sería ilógico en efecto, admitir que una doctrina que viese disminuir el número de sus partidarios fuese más verdadera que aquella que vea aumentar los suyos. Dios, queriendo que la verdad llegue a todos no la señala en un círculo estrecho y restringido, la hace brotar por diferentes puntos a fin de que en todas partes la luz esté al lado de las tinieblas. Erasto.

Observación. — La mejor garantía para que un principio sea la expresión de la verdad, es cuando ha sido enseñado y revelado por diferentes Espíritus, por diferentes médiums extraños los unos a los otros y en diferentes lugares, y cuando además está confirmado por la razón y sancionado por la adhesión del mayor número. Sólo la verdad puede poner raíces a una doctrina; un sistema erróneo puede reclutar algunos adeptos, pero como le falta la primera condición de vitalidad, sólo tiene una existencia efímera; por esta razón no es necesario inquietarse; él mismo se mata por sus propios errores y caerá inevitablemente ante el arma poderosa de la lógica.