EL LIBRO DE LOS MÉDIUMS

Allan Kardec

Volver al menú
152. La ciencia espiritista ha progresado como todas las otras, y con más rapidez aún; porque apenas hace algunos años que empezaron estos medios primitivos e incompletos que se llaman trivialmente mesas parlantes, y estamos ya en disposición de poder comunicarnos con los Espíritus, con tanta facilidad y tanta rapidez como los hombres lo hacen entre sí, y por los mismos medios: esto es, la escritura y la palabra. La escritura tiene sobre todo la ventaja de acusar la intervención de una potencia oculta con más materialidad y dejar señales que se pueden conservar, como nosotros lo hacemos con nuestra propia correspondencia. El primer medio que se observó fue el de las tablitas y cestitas provistas de un lápiz. He aquí cual es el modo de servirse de las mismas.

153. Hemos dicho que una persona dotada de una aptitud especial puede imprimir un movimiento de rotación a una mesa o a un objeto cualquiera; tomemos, en lugar de una mesa, una pequeña cestita de quince a veinte centímetros de diámetro (que sea de madera o de mimbre poco importa, la sustancia es indiferente). Si a través del fondo de esta cestita se hace pasar un lápiz sujetado sólidamente, la punta por fuera y hacia abajo, y que se mantenga en todo en equilibrio sobre la punta del lápiz, colocado el mismo sobre una hoja de papel, poniendo los dedos sobre los bordes de la cestita, ésta tomará su movimiento; pero en lugar de girar paseará el lápiz en sentido diverso sobre el papel, formando ya sean trazos insignificantes, ya sean caracteres de escritura. Si se evoca a un Espíritu y quiere comunicarse, responderá no ya por golpes, como en la typtología, sino por palabras escritas. El movimiento de la cestita no es ya automático como en las mesas giratorias; viene a ser inteligente. En esta disposición el lápiz, llegado al extremo de la línea, no vuelve sobre sí mismo para empezar otra; continúa circularmente de tal modo que la línea de escritura forme una espiral y que es preciso volver muchas veces el papel para leer lo que está escrito. La escritura obtenida de este modo no siempre es muy legible, porque las palabras no están separadas; pero el médium, por una especie de intuición, las descifra fácilmente. Por sistema de economía se puede sustituir la pizarra y el pizarrín al papel y al lápiz ordinario. Nosotros designaremos esta cestita bajo el nombre de cestita trompo. A la cestita se sustituye algunas veces un cartón bastante semejante a las caja de dulces; el lápiz forma el eje como el juego llamado perinola.

154. Muchas otras disposiciones se han imaginado para alcanzar el mismo objeto. La más cómoda es la que llamaremos cestita de pico, y que consiste en adaptar sobre la cestita pedazos de un palo inclinado, saliendo de diez a quince centímetros de un lado, en la posición del mastil de bauprés de un buque. Por un agujero practicado en la extremidad de este palo o del pico, se hace pasar un lápiz bastante largo para que la punta descanse sobre el papel. El médium, poniendo los dedos sobre los bordes de la cestita, todo el aparato se agita, y el lápiz escribe como en el caso arriba dicho, con la diferencia que la escritura es, en general, más legible, las palabras separadas y las líneas no forman espiral, y siguen como la escritura ordinaria, pudiendo el médium fácilmente llevar el lápiz de una línea a otra. Se obtienen así disertaciones de muchas páginas tan rápidamente como si se escribiese con la mano.

155. La inteligencia que obra se manifiesta a menudo por otras señales no equívocas. Llegado al fin de la página, el lápiz hace espontáneamente un movimiento para volverla; quiere referirse a un pasaje precedente, en la misma página o en otra, busca con la punta del lápiz, como lo haría con el dedo, después lo subraya. Quiere, en fin, el Espíritu dirigirse a uno de los asistentes, la punta del palo se dirige hacia él. Para abreviar, expresa a menudo las palabras sí y no por los signos de afirmación y negación como nosotros hacemos con la cabeza; si quiere expresar la cólera y la impaciencia da golpes redoblados con la punta de lápiz y muchas veces lo rompe.

156. En lugar de cestita, algunas personas se sirven de una especie de mesita hecha expresamente, de doce a quince centímetros de largo, sobre cinco o seis de altura, de tres pies, de los cuales el uno lleva el lápiz; los otros dos están redondeados o guarnecidos de una bolita de marfil para deslizarse fácilmente sobre el papel. Otros se sirven simplemente de una tablita de quince a veinte centímetros cuadrados, triangular, oblonga u ovalada; sobre uno de los bordes hay un agujero oblicuo para meter el lápiz; colocada para escribir, se encuentra inclinada y se apoya por uno de sus lados sobre el papel; el lado que descansa sobre éste está algunas veces guarnecido de dos ruedecitas para facilitar el movimiento. Se concibe, por otra parte, que todas estas disposiciones no tienen nada de absoluto; la más cómoda es la mejor.

Con todos estos aparatos es preciso casi siempre ser dos personas; pero no es necesario que la segunda esté dotada de la facultad mediúmnica: sirve únicamente para mantener el equilibrio y disminuir la fatiga del médium.